Comenzamos

Bienvenid@s a “El día de la marmota”, un blog destinado a hablar de educación.
El blog toma prestado el nombre de la película “Groundhog day” . Un meteorólogo queda atrapado en un bucle temporal, obligado a vivir el mismo día una y otra vez. Aunque cada día varía sus acciones, siempre despierta en la misma cama debiendo volver a vivirlo, y sólo se libra de su tortura al, por decirlo así, hacer las cosas bien.
Intento hacer una relación entre este hecho fantástico y nuestra educación. Una educación que no para de cambiar, yo mismo empece a estudiar en la E.G.B y acabé en la E.S.O, pero son cambios que no modifican el espíritu de la escuela y tampoco las desalentadoras cifras de fracaso y abandono escolar en nuestro país. Quizás, al igual que Bill Murray, si empezamos a hacer las cosas bien dejemos de vivir en el día de la marmota.
Dicho esto me presento, soy un estudiante de primero de pedagogía con muchas ganas de aprender, y os animo a participar en mi blog, donde vuestros comentearios serán bien recibidos.

miércoles, 19 de diciembre de 2012

Wert, el erudito

Según establece el Real Decreto 1631/2006 por el que fue aprobada:
La Educación para la Ciudadanía tiene como objetivo favorecer el desarrollo de personas libres e íntegras a través de la consolidación de la autoestima, la dignidad personal, la libertad y la responsabilidad y la formación de futuros ciudadanos con criterio propio, respetuosos, participativos y solidarios, que conozcan sus derechos, asuman sus deberes y desarrollen hábitos cívicos para que puedan ejercer la ciudadanía de forma eficaz y responsable.
Leo este fragmento del Real Decreto 1631/2006 y no logro entender qué malo hay en esta materia. Algo malo debe haber, eso no lo dudo, puesto que nuestro expertísimo ministro de Educación ha creído necesaria la supresión de tan infame asignatura. Yo confío en él y no pongo en duda la fiabilidad de su criterio, ya que un ministro es la máxima autoridad en sus competencias y está claro que eligen siempre al más cualificado.
Pero bueno, es normal que no me entere de nada, sólo llevo unos meses estudiando Pedagogía y es evidente que me dejo embaucar por la sonoridad de ese pequeño texto. Mucho le debo a nuestro buen ministro. Tenía la estúpida idea de que la educación para la ciudadanía no debía quedarse tan sólo en una asignatura, que el fin de la Educación es crear ciudadanos ilustrados y por lo tanto, libres. Es fácil que a inexpertos como yo nos engatusen con palabras como: respeto, libre, íntegro, dignidad, responsabilidad, conocer, etc... menos mal que el señor Wert me ha abierto los ojos, algo oscuro se oculta entre tanta palabreja progresista, aunque aún no lo localice.
Si es que la palabra respeto está muy bien, siempre y cuando no venga seguida de la palabra gay. La palabra libre también queda muy bien, sobre todo cuando precede a mercado. Ahí queda estupenda. Ser íntegro es necesario sobre todo cuando no se refiere a uno mismo. Dignidad es una gran palabra, tan grande que los pobres no deberían disponer de ella. ¿Acaso se la han ganado? Responsabilidad, si alguien le hubiese enseñado a los pobres que no pueden vivir por encima de sus posibilidades, nuestra España sería el glorioso imperio que fue. Conocer, debemos conocer nuestros límites... debes ser consciente de tu situación, cuanto antes asimiles el lugar que te corresponde, mejor para todos.
Wert es claramente un genio, un visionario, lo que ocurre es que se ha adelantado a su época y es por esto que crea tanta controversia. No estamos preparados para entender tan alta complejidad.

martes, 18 de diciembre de 2012

La ola

En clase hemos visto La ola, la cual comentamos brevemente en el blog grupal. No quiero volver a contarla, más bien me centraré en las ideas que me ha trasmitido desde el punto de vista de la diversidad.

El film nos muestra las consecuencias de un régimen de libertades bastante sesgadas, en el cual se impone la idea de falsa igualdad. Todos adquieren una identidad de grupo que aparentemente acaba con las diferencias, mejora la cohesión, les otorga metas comunes y les brinda seguridad.

Esa unidad de grupo la consigue su profesor implantando un modelo de aprendizaje por modelado, sirviéndose sobre todo de la autoridad basada en el poder. Además de medidas tales como el uniforme, consignas o saludos, gimnasia militar...

Como ya he mencionado, esta práctica aparentemente estaba cargada de aspectos positivos, pero ocultaba una oscura realidad. Esa igualdad de la que todos estaban orgullosos, era en sí misma la finalidad: un potente mecanismo de molde se encargaba de esculpir a los alumnos, siendo expulsados del grupo todos aquellos no aptos para ese molde, provocando la discriminación de todo aquel diferente al grupo. Un grupo con una alta cohesión, que otorgaba la "oportunidad" de ser asimilado a todo aquel extraño al mismo, debiendo estos de aceptar las imposiciones del grupo por encima de su propia individualidad.

Además de esta necesidad de asimilación, el grupo tenía claramente unos "enemigos naturales", los cuales de ninguna manera serían asimilados (no hay mejor "pegamento" que un enemigo común).

Desde una perspectiva pedagógica más específica, podemos observar como la figura del profesor es la única fuente de conocimientos, de enseñanza, aprendiendo estos chicos sólo por esta vía. Mientras que en una clase donde reine la diversidad, los alumnos pueden aprender unos de otros.

No hay nada que un clon pueda enseñar a otro, sin embargo cuanto mayor sea la diferencia entre los individuos, aumentará la posibilidad de aprender. Además, una clase basada en la diversidad y el respeto es el único camino hacia la democracia.