Comenzamos

Bienvenid@s a “El día de la marmota”, un blog destinado a hablar de educación.
El blog toma prestado el nombre de la película “Groundhog day” . Un meteorólogo queda atrapado en un bucle temporal, obligado a vivir el mismo día una y otra vez. Aunque cada día varía sus acciones, siempre despierta en la misma cama debiendo volver a vivirlo, y sólo se libra de su tortura al, por decirlo así, hacer las cosas bien.
Intento hacer una relación entre este hecho fantástico y nuestra educación. Una educación que no para de cambiar, yo mismo empece a estudiar en la E.G.B y acabé en la E.S.O, pero son cambios que no modifican el espíritu de la escuela y tampoco las desalentadoras cifras de fracaso y abandono escolar en nuestro país. Quizás, al igual que Bill Murray, si empezamos a hacer las cosas bien dejemos de vivir en el día de la marmota.
Dicho esto me presento, soy un estudiante de primero de pedagogía con muchas ganas de aprender, y os animo a participar en mi blog, donde vuestros comentearios serán bien recibidos.

martes, 22 de enero de 2013

Objetivos y competencias


No es de extrañar que no logre posicionarme con respecto a este tema, esto se debe a mi casi inexistente experiencia/formación. En cambio si me atrevo a afirmar que no hay nada de malo en establecer objetivos, no creo que haya perversión alguna en la búsqueda de competencias, pero ni lo uno ni lo otro debe gobernar la escuela, y mucho menos a nosotros. La razón de la escuela no son los objetivos o las competencias, son las personas y su desarrollo.

Nuestro objetivo no puede ser otro que la búsqueda de la utópica perfección. Como todo lo utópico, la perfección también es inalcanzable, por tanto nos contentaremos con apuntar en su dirección y propiciar el desarrollo del educando. Por tanto, debemos auxiliar en todo lo posible a nuestros alumnos, acompañarlos y guiarlos.



lunes, 21 de enero de 2013

¿Humanidad o necedad?

Esta entrada no es más que una pequeña confesión personal, ya que esta semana me he dado cuenta (una vez más) de que mi autoconcepto se aleja bastante de la realidad.

Hace unas semanas, en otra clase diferente a la que propuso la idea de este blog, hablamos sobre personas con algún tipo de dificultad cognitiva. Yo tengo claro lo que creo que es correcto: todo ser humano tiene los mismo derechos y merece el mismo respeto. Eso deja fuera la posibilidad de discriminar o prejuzgar a las personas, pues si hiciese eso traicionaría mis ideales.

En clase surgieron todo tipo de ideas y comentarios a cerca de las personas con diferentes capacidades cognitivas, y aunque me consta que ningún comentario fue hecho con mala fe, mis oídos chirriaron en más de una ocasión... ¿Cómo puede haber gente que prejuzgue? ¿Cómo podemos aseverar cosas tan importantes sin un minucioso análisis previo? ¿Cómo podemos tener esa doble moral?... la clase acabó, y no podía salir de mi asombro... si estudiantes de pedagogía piensan así, mal asunto (digo piensan y no, pensamos).

Absorto pero con mi conciencia tranquila, me quedé después de clase con dos compañeros y el profesor debatiendo unos minutos más. Estaba convencido de no compartir prejuicios discriminatorios con los compañeros y casi escapo a casa con esa idea bien asentada en mi interior, pero por suerte solté una perlita que nada tenía que envidiar al más "burro" de los comentarios dichos en la clase anterior. Tras mi inapropiado comentario, el profesor me corrigió haciéndome comprender mi error. Me fui a casa sin demasiada mella, pero cuanto más reflexionaba sobre la clase y la "desafortunada" prórroga que jugamos algunos, más me percataba de mi necedad. En cierta manera, sabía que aunque deseo no tenerlos, tengo prejuicios. Me avergüenzo de mis prejuicios, pero ahora además me siento un necio. Un necio por creerme mejor que las personas que discriminan o hacen juicios rápidos, no soy mejor, soy uno más.

Sólo me queda rescatar la idea que, en tono amable, el profesor dejó al acabar la clase. Decía algo así: "Todos discriminamos, todos somos machistas y todos somos racistas en algún grado, debemos ser conscientes de esto e intentar mejorar día a día".

martes, 8 de enero de 2013

Encuentro inesperado

El pasado viernes 21 acudimos a un evento organizado por uno de los profesores de la facultad, una especie de excursión con un tono muy amable e informal. Para finalizar la reunión, fuimos a una histórica taberna malagueña, “Antigua casa de guardia”. Allí, un par de compañeros y yo tropezamos con un interesante individuo del cual no recuerdo el nombre, pero sí una frase que no paraba de repetir: “yo, a mis 83 años soy completamente analfabeto”.

Lo llamativo de la estampa fue, que a pesar de sus circunstancias, el hombre nos aseguró firmemente y sin que nadie sacara el tema (no supo que éramos estudiantes de pedagogía hasta finalizar la conversación), que lo más importante en un pueblo es la cultura. Que hoy en día los jóvenes estábamos más preparados que nunca y por eso mismo no podíamos permitir lo que estaba ocurriendo.
“Yo no estoy ya para luchar. Bastante he luchado, a mis 83 años... pero vosotros no podéis permitir esto. Mi padre sabía escribir, leer y más cosas; pero yo, su hijo, no. Un pueblo que sabe da problemas, por eso no nos permitieron saber. Ahora no quieren que sepáis, es más fácil manejaros así. Esto es una dictadura.”
Los compañeros y yo, nos miramos perplejos al escuchar estas palabras de un señor que ha vivido la dictadura de principio a fin.

Este hombre, que no sabe ni leer ni escribir (cosa que nos repitió una y otra vez), sabe que la educación (lo que el llama la cultura) es la herramienta fundamental para que un pueblo prospere. Además, entiende perfectamente que el saber del pueblo es un estorbo para el tirano, y que aunque muchos no queramos verlo, nos siguen gobernando desde la élite.

Acabó su discurso pidiéndonos que no nos conformáramos, que luchásemos, que lo que teníamos no era nuestro, era de todos los que se han sacrificado para conseguirlo y es el deber de los jóvenes preservarlo.

No sabrá leer ni escribir, pero la vida le ha enseñado mucho más de lo que la escuela le enseñó a muchos de los que nos gobiernan.