Por más que pienso, y os prometo que
lo intento, no consigo entender como puede haber gente en el mundo a día de hoy, que niegue el derecho a la igualdad de las personas.
Igualdad, solidaridad y respeto, entre otras, son palabras que no
deben en ningún caso estar seguidas de un “pero” o un
“aunque”.
Quizás no haya que señalar a nadie
con el dedo. Tal vez, todos somos victimas de un modelo social y
económico extremadamente virulento, la diferencia puede que radique
en el puesto que te toca desempeñar en dicho modelo. Seguramente el
que se pronuncia en las doctrinas del “cada uno por su bolsa” y
el “sálvese el que pueda”, si alguna vez cambiase su suerte y
bajase al nivel de los “apestados”, probablemente cambie sus
creencias y experimente una aguda crisis de fe.
Esta entrada carecerá de sentido para
todo aquel que no considere como iguales a todas las personas que
pueblan nuestro mundo, dejando de lado cualquier discriminación ya
sea por cultura, raza, estatus, o cualidades físicas o psíquicas.
Alguien puede decir que no somos todos
iguales. Evidentemente, es más, dada la complejidad humana no hay
dos personas iguales, pero todos tenemos los mismos derechos
independientemente de nuestra situación. Como ya he dicho, no hay dos personas
iguales, y esto se traduce en aulas heterogéneas. Ante esta
situación la escuela debe adoptar un método, un estilo de
enseñanza, una postura ideológica; y es lo que ha venido haciendo
desde siempre. La escuela apuntala los pilares de la sociedad, siendo
la encargada de adoctrinar, instruir, formar o educar según su
propio modelo de sociedad.
Sabemos como es la sociedad y la
escuela que sirve a esta. También sabemos que para cambiar la
sociedad, necesariamente debemos cambiar la escuela, y que con ese
cambio provocaremos un cambio en la sociedad, así que debemos ser
cuidadosos en tan noble empresa.
Una sociedad libre, igual,
respetuosa y solidaria, no sería un mal comienzo. La escuela
en la que se base esa sociedad debe tener los mismos principios, y
para esto debemos considerar a todos los alumnos iguales. Aquí es
donde entra en juego el concepto de inclusión.
Podríamos hablar de crisis en la
educación, ya que el 26% de los estudiantes españoles están
condenados al fracaso. Esta desalentadora cifra requiere de medidas
que intenten solucionar la situación. Estas medidas, a su vez,
estarán fundamentadas en ciertas creencias:
Por un lado, algunos hablan de que se
ha perdido el respeto, los alumnos son mas vagos, los contenidos
vacíos, y que habría que volver a la escuela de mediados del siglo
pasado, puesto que la educación ya no es la que era. Que se ha
gastado dinero y esfuerzo en un experimento pretencioso y utópico de
igualitarismo social, y por evidentes razones no somos iguales.
Por otro lado, somos muchos los que
pensamos que por esa misma razón (no somos todos iguales), no
se nos puede educar de la misma manera. Es necesaria una educación
inclusiva en la que todos ganemos. La inclusión solo muestra
ventajas. Cada persona tiene sus talentos, todos los tenemos, y una
educación flexible es el camino para potenciarlos. La escuela debe
facilitar el camino al alumno, siendo el profesor el competente para
conocer las capacidades de este y guiarlo por los caminos del
aprendizaje. Todos tenemos la capacidad de aprender, la diferencia radica en el "cómo" y "cuándo".
La educación inclusiva no es sinónimo
de educación especial, no sólo se preocupa por integrar a personas
con problemas en el aprendizaje, se preocupa por educar a la
totalidad de los alumnos teniendo en cuenta sus situaciones. Nadie
debe ser abandonado, si un alumno se rinde no será sólo culpa de
este, ya que es deber del profesorado velar por cada uno de
ellos; tarea ardua que requiere de una excelente formación, una
formación continua y siempre inacabada.
Aunque no es sinónimo de educación
especial, la inclusión supera con creces cualquier otro modelo
destinado a educar personas dificultades cognitivas. Tengamos en cuenta que,
cualquier persona con problemas en el aprendizaje, como es
evidente, deberá esforzarse mucho para superar esos “déficits”.
Pero no por esto debemos bajarle el nivel del curriculum, ellos con
más razón, necesitan de la cultura para desarrollarse.
Imaginemos que para desarrollarnos debemos pasar un muro. Todos tenemos muros, la diferencia radica en lo alto que son. Algunos de esos muros los pasaremos de un salto, ya que se nos presentan bajos; otros necesitaran de una buena escalera, una escalera tan alta como ese muro. Esa escalera es la cultura. ¿Alguien le daría una escalera de un metro a una persona que quiere pasar un muro de tres? Nadie en su sano juicio lo haría, ¿entonces por qué vamos a privar de conocimientos a un niño que muestre problemas para aprender?, él más que nadie los necesita.
Imaginemos que para desarrollarnos debemos pasar un muro. Todos tenemos muros, la diferencia radica en lo alto que son. Algunos de esos muros los pasaremos de un salto, ya que se nos presentan bajos; otros necesitaran de una buena escalera, una escalera tan alta como ese muro. Esa escalera es la cultura. ¿Alguien le daría una escalera de un metro a una persona que quiere pasar un muro de tres? Nadie en su sano juicio lo haría, ¿entonces por qué vamos a privar de conocimientos a un niño que muestre problemas para aprender?, él más que nadie los necesita.
Todo esto debe darse en una escuela que
propicie el aprendizaje reflexivo; fomente el pensamiento divergente,
la creatividad y la experiencia; que entienda el valor de todos los
talentos del ser humano (inteligencias múltiples); eduque de manera
crítica, que no tolere un aprendizaje diferente al significativo o
al relevante; utilice la diversidad como medio de aprendizaje, crea
en la igualdad real de oportunidades y en la democracia. En
definitiva una escuela inclusiva.
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