Comenzamos

Bienvenid@s a “El día de la marmota”, un blog destinado a hablar de educación.
El blog toma prestado el nombre de la película “Groundhog day” . Un meteorólogo queda atrapado en un bucle temporal, obligado a vivir el mismo día una y otra vez. Aunque cada día varía sus acciones, siempre despierta en la misma cama debiendo volver a vivirlo, y sólo se libra de su tortura al, por decirlo así, hacer las cosas bien.
Intento hacer una relación entre este hecho fantástico y nuestra educación. Una educación que no para de cambiar, yo mismo empece a estudiar en la E.G.B y acabé en la E.S.O, pero son cambios que no modifican el espíritu de la escuela y tampoco las desalentadoras cifras de fracaso y abandono escolar en nuestro país. Quizás, al igual que Bill Murray, si empezamos a hacer las cosas bien dejemos de vivir en el día de la marmota.
Dicho esto me presento, soy un estudiante de primero de pedagogía con muchas ganas de aprender, y os animo a participar en mi blog, donde vuestros comentearios serán bien recibidos.

martes, 26 de febrero de 2013

Un poco más cerca de la inclusión

El primer cuatrimestre acabó, pero aun sigue produciéndome aprendizajes sobre temas, situaciones, propuestas que se dieron en clase, o que simplemente aparecieron en el campus virtual en forma de documentos. Cada cosa que aprendo hace que me surjan nuevas dudas, y parece que en vez de saber más cada vez sé menos. Sin duda, mi “mochila del saber” como se ha referido a ella hoy Miguel López Melero, tiene más y más contenido, pero a la vez adquiero conciencia de lo inmenso del saber y la imposibilidad de abarcarlo, por muchas vidas que vivas.

Una de los conceptos abordados el pasado cuatrimestre fue la inclusión. La estudiamos apoyándonos en textos, entre otros, de el antes mencionado Miguel. La inclusión es un concepto, a mi parecer, tan complejo como necesario. El problema es ese, que el significado de esa palabra es muy complejo, al menos para ser dominado y entendido en cualquier situación y contexto -para mi, que soy poco más que un ignorante en materia educativa-. Así que como Miguel da clases de una asignatura llamada INCLUSIÓN en mi mismo curso (1º de Pedagogía), aunque no en mi clase - sin desmerecer a la persona que imparte su asignatura- he empezado a asistir como oyente a sus clases. ¿Qué mejor manera de entender la escuela inclusiva que formando parte de esta clase?

Las bases de mi interés por la inclusión se lo debo principalmente a dos de los profesores del anterior cuatrimestre, donde he aprendido que no podemos hablar de democracia sin el concepto de igualdad -de derechos- y el de respeto -a la diferencia, entre otras cosas-, además de esa búsqueda de la libertad. Por tanto no podemos hablar de democracia sin hablar de inclusión.

Por una parte en esa misma asignatura estamos viendo en la clase de la tarde – a la que pertenezco realmente- como entender y respetar a las personas con handicap, pero aunque le estamos llamando inclusión, lo hacemos desde una perspectiva integradora. Palabras como adaptación curricular son frecuentes en esta clase. Con esto no critico, ni hago un juicio de valor, de lo que es mejor o peor. Pero a priori, y después de haber trabajado la inclusión desde otras perspectivas, creo -y digo creo porque aun no tengo la inclusión bien asentada- que lo correcto e imprescindible pasa por la inclusión. Debido a esto mismo, al no poder responder con firmeza y convicción ante cualquier situación en la que se ponga en entredicho el modelo inclusivo, y ante la necesidad de respuestas, he tomado la iniciativa de asistir a las clases de Miguel.

Hoy en clase he podido ver como usaba el método que ya había leído, en el anterior cuatrimestre, y me ha resultado muy curioso ver esto en primera persona. Como bien describe en los artículos y conferencias que han pasado por mis manos, Miguel, ha comenzado la clase planteando un problema: ¿qué queremos de esta asignatura?, a lo que se ha respondido con el deseo de formar una clase democrática.

Una vez visualizado el objetivo, se ha lanzado una nueva pregunta: ¿qué sabemos sobre la democracia en las clases?.

Y por último: ¿qué queremos saber?.

Las preguntas las conocía, lo que realmente me ha impactado es la forma de participar de los profesores -habían dos además de Miguel-, los profesores no participaban en absoluto, ni siquiera para guiar. Sólo en ocasiones puntuales hablaban, delegando la coordinación en un alumno que era el encargado de dar los turnos de palabra.

He visto la clase muy perdida, en apariencia desperdiciando el tiempo, pero estoy seguro que era por ser un método nuevo para casi todos. Seguiré haciendo jornada intensiva los martes, ya que estoy seguro que la clase se convertirá en algo interesantísimo y podré saber más sobre inclusión. Espero poder compartir con todos mis progresos y contribuir a ese aprendizaje cooperativo a través de, entre otros medios, mi blog.

miércoles, 13 de febrero de 2013

Maestro no, profesor

Cuantas veces en el instituto me he dirigido a una profesora o a un profesor diciéndole “maestra”, y ellos, como si de un insulto se tratase, me han contestado diciéndome que no eran maestros, eran profesores. Era cierto, pero yo no diferenciaba lo uno de lo otro. Ahora si lo diferencio, y gracias a eso entiendo mejor ciertas actitudes de mis altivos profesores hacia nosotros. No quiero que se me malinterprete he tenido profesores muy buenos, he tenidos profesores mediocres y los he tenido nefastos. Pues era muy común que esos nefastos profesores se sintieran atacados al ser confundidos con maestros.

Ahora me encuentro con Maestros -permitanme ponerlo en mayúscula- que se enorgullecen de ello, hecho que contrasta mucho con la imagen de esos profesores agraviados por ser confundidos con maestros.

También ha llegado a mis oídos una curiosidad que me emocionó. Por lo visto José Manuel Esteve – profesor durante mucho tiempo de mi facultad, además de un crack en lo que a Educación se refiere- vestía con traje a la hora de dar clase, pero en los actos de gala -como la graduación- se ponía unos simple vaqueros. ¿Qué tiene de especial? Lo especial está en los porqués de aquello, ya que él decía que se engalanaba para dar clase porque era lo más importante que podía hacer en su vida. Él, como gran sabio que era, entendía la importancia de la Educación y así lo mostraba.

Por tanto -aunque yo no voy a ser maestro-, quiero deciros Maestros, que tenéis el oficio más digno, el más importante, y que en vosotros reside gran responsabilidad, mucha más que en los instructores que no quieren ser llamados Maestros.

martes, 12 de febrero de 2013

¿Qué tendríamos que aprender en la escuela?

¿Qué interesa aprender en la escuela? Es una pregunta compleja, en cierta medida la he contestado en otras entradas, pero trataré de hacerlo con más precisión y detalle.

Debemos, en palabras de Ángel Pérez: “reinventar la escuela para que sea capaz de estimular el desarrollo de los conocimientos, habilidades, actitudes, valores y emociones que requieren convivir en contextos sociales heterogéneos, cambiantes, inciertos y saturados de información, contextos caracterizados por la supercomplejidad”.

Extraido de Ángel Pérez (2009) HistoriAgenda /año 4 número 22

Creo que con esos renglones respondemos en profundidad. Nos encontramos con contextos cambiantes, no sabemos en qué trabajará un niño en el futuro o si su trabajo será algo nuevo, quizás cambie tanto que lo aprendido no le sirva. Por otro lado lo aprendido caduca muy rápido y la cantidad de información generada en estos tiempos es inmensa. Si tenemos en cuenta la facilidad para acceder a la información, el aprendizaje memorístico al que estamos acostumbrados pierde valor, eso no quiere decir que no haya que memorizar, pero memorizar no puede ser el objetivo.
Debemos buscar esas habilidades y actitudes que lleven al niño a ser autónomo. Esas habilidades, al menos yo, las identifico en las tres competencias que nos llegan desde fuera -las ocho que interpretamos nosotros me queda algo grande-. Si conseguimos que un niño sepa buscar e interpretar, en definitiva identificar la información válida, logramos que su capacidad de comunicación sea suficiente y que sea capaz de trabajar en grupo de manera solidaria, creo que podemos estar más que satisfechos.

Por otro lado en las sociedades simples la familia y el entorno cercano se encarga de socializar, en la España actual la escuela debe hacerse cargo en gran parte de la socialización, pero sin perder el sentido de la escuela. Deben darse procesos de socialización pero ante todo procesos educativos. No vale todo en la tarea educativa, no se puede manipular, amaestrar o adoctrinar a los niños, nuestra responsabilidad es mayor, quizás sea la labor más importante de todas las que existan en el mundo de lo humano, no sólo tenemos que hacer individuos independiente en cuanto a habilidades y actitudes, debemos hacerlos independientes y equilibrados en el ámbito emocional, además de ayudarlos a ser críticos con el mundo y con ellos mismos.

jueves, 7 de febrero de 2013

martes, 22 de enero de 2013

Objetivos y competencias


No es de extrañar que no logre posicionarme con respecto a este tema, esto se debe a mi casi inexistente experiencia/formación. En cambio si me atrevo a afirmar que no hay nada de malo en establecer objetivos, no creo que haya perversión alguna en la búsqueda de competencias, pero ni lo uno ni lo otro debe gobernar la escuela, y mucho menos a nosotros. La razón de la escuela no son los objetivos o las competencias, son las personas y su desarrollo.

Nuestro objetivo no puede ser otro que la búsqueda de la utópica perfección. Como todo lo utópico, la perfección también es inalcanzable, por tanto nos contentaremos con apuntar en su dirección y propiciar el desarrollo del educando. Por tanto, debemos auxiliar en todo lo posible a nuestros alumnos, acompañarlos y guiarlos.



lunes, 21 de enero de 2013

¿Humanidad o necedad?

Esta entrada no es más que una pequeña confesión personal, ya que esta semana me he dado cuenta (una vez más) de que mi autoconcepto se aleja bastante de la realidad.

Hace unas semanas, en otra clase diferente a la que propuso la idea de este blog, hablamos sobre personas con algún tipo de dificultad cognitiva. Yo tengo claro lo que creo que es correcto: todo ser humano tiene los mismo derechos y merece el mismo respeto. Eso deja fuera la posibilidad de discriminar o prejuzgar a las personas, pues si hiciese eso traicionaría mis ideales.

En clase surgieron todo tipo de ideas y comentarios a cerca de las personas con diferentes capacidades cognitivas, y aunque me consta que ningún comentario fue hecho con mala fe, mis oídos chirriaron en más de una ocasión... ¿Cómo puede haber gente que prejuzgue? ¿Cómo podemos aseverar cosas tan importantes sin un minucioso análisis previo? ¿Cómo podemos tener esa doble moral?... la clase acabó, y no podía salir de mi asombro... si estudiantes de pedagogía piensan así, mal asunto (digo piensan y no, pensamos).

Absorto pero con mi conciencia tranquila, me quedé después de clase con dos compañeros y el profesor debatiendo unos minutos más. Estaba convencido de no compartir prejuicios discriminatorios con los compañeros y casi escapo a casa con esa idea bien asentada en mi interior, pero por suerte solté una perlita que nada tenía que envidiar al más "burro" de los comentarios dichos en la clase anterior. Tras mi inapropiado comentario, el profesor me corrigió haciéndome comprender mi error. Me fui a casa sin demasiada mella, pero cuanto más reflexionaba sobre la clase y la "desafortunada" prórroga que jugamos algunos, más me percataba de mi necedad. En cierta manera, sabía que aunque deseo no tenerlos, tengo prejuicios. Me avergüenzo de mis prejuicios, pero ahora además me siento un necio. Un necio por creerme mejor que las personas que discriminan o hacen juicios rápidos, no soy mejor, soy uno más.

Sólo me queda rescatar la idea que, en tono amable, el profesor dejó al acabar la clase. Decía algo así: "Todos discriminamos, todos somos machistas y todos somos racistas en algún grado, debemos ser conscientes de esto e intentar mejorar día a día".

martes, 8 de enero de 2013

Encuentro inesperado

El pasado viernes 21 acudimos a un evento organizado por uno de los profesores de la facultad, una especie de excursión con un tono muy amable e informal. Para finalizar la reunión, fuimos a una histórica taberna malagueña, “Antigua casa de guardia”. Allí, un par de compañeros y yo tropezamos con un interesante individuo del cual no recuerdo el nombre, pero sí una frase que no paraba de repetir: “yo, a mis 83 años soy completamente analfabeto”.

Lo llamativo de la estampa fue, que a pesar de sus circunstancias, el hombre nos aseguró firmemente y sin que nadie sacara el tema (no supo que éramos estudiantes de pedagogía hasta finalizar la conversación), que lo más importante en un pueblo es la cultura. Que hoy en día los jóvenes estábamos más preparados que nunca y por eso mismo no podíamos permitir lo que estaba ocurriendo.
“Yo no estoy ya para luchar. Bastante he luchado, a mis 83 años... pero vosotros no podéis permitir esto. Mi padre sabía escribir, leer y más cosas; pero yo, su hijo, no. Un pueblo que sabe da problemas, por eso no nos permitieron saber. Ahora no quieren que sepáis, es más fácil manejaros así. Esto es una dictadura.”
Los compañeros y yo, nos miramos perplejos al escuchar estas palabras de un señor que ha vivido la dictadura de principio a fin.

Este hombre, que no sabe ni leer ni escribir (cosa que nos repitió una y otra vez), sabe que la educación (lo que el llama la cultura) es la herramienta fundamental para que un pueblo prospere. Además, entiende perfectamente que el saber del pueblo es un estorbo para el tirano, y que aunque muchos no queramos verlo, nos siguen gobernando desde la élite.

Acabó su discurso pidiéndonos que no nos conformáramos, que luchásemos, que lo que teníamos no era nuestro, era de todos los que se han sacrificado para conseguirlo y es el deber de los jóvenes preservarlo.

No sabrá leer ni escribir, pero la vida le ha enseñado mucho más de lo que la escuela le enseñó a muchos de los que nos gobiernan.