Cuantas veces en el instituto me he
dirigido a una profesora o a un profesor diciéndole “maestra”, y
ellos, como si de un insulto se tratase, me han contestado diciéndome
que no eran maestros, eran profesores. Era cierto, pero yo no
diferenciaba lo uno de lo otro. Ahora si lo diferencio, y gracias a
eso entiendo mejor ciertas actitudes de mis altivos profesores hacia
nosotros. No quiero que se me malinterprete he tenido profesores muy
buenos, he tenidos profesores mediocres y los he tenido nefastos.
Pues era muy común que esos nefastos profesores se sintieran
atacados al ser confundidos con maestros.
Ahora me encuentro con Maestros
-permitanme ponerlo en mayúscula- que se enorgullecen de ello,
hecho que contrasta mucho con la imagen de esos profesores agraviados
por ser confundidos con maestros.
También ha llegado a mis oídos una
curiosidad que me emocionó. Por lo visto José Manuel Esteve –
profesor durante mucho tiempo de mi facultad, además de un crack en
lo que a Educación se refiere- vestía con traje a la hora de dar
clase, pero en los actos de gala -como la graduación- se ponía unos
simple vaqueros. ¿Qué tiene de especial? Lo especial está en los
porqués de aquello, ya que él decía que se engalanaba para dar
clase porque era lo más importante que podía hacer en su vida. Él,
como gran sabio que era, entendía la importancia de la Educación y
así lo mostraba.
Por tanto -aunque yo no voy a ser
maestro-, quiero deciros Maestros, que tenéis el oficio más digno,
el más importante, y que en vosotros reside gran responsabilidad,
mucha más que en los instructores que no quieren ser llamados
Maestros.
Empiezas a sentirte orgullosa de la palabra maestra cuando conoces a grandes profesionales de la educación que se hacen llamar así, cuando lees sobre las que se hicieron llamar así.
ResponderEliminarPero el hecho es que al llegar a los colegios normalmente no eres maestra, eres la seño o el profe. Y aunque me sigue gustando que me llamen simplemente por mi nombre, es inevitable que acabe gustándote ese apelativo algo machista en lo que a nomenclatura se refiere.
La palabra seño suele ir acompañada del tono cantarín que viene a pedir ayuda, acusar a un compañero o simplemente te llama emocionado desde el otro lado de la calle. Y yo me giro orgullosa, preguntándome si se dirigirá a mí y sabiendo que consiga o no una plaza de funcionaria, siempre seré una seño.