Comenzamos

Bienvenid@s a “El día de la marmota”, un blog destinado a hablar de educación.
El blog toma prestado el nombre de la película “Groundhog day” . Un meteorólogo queda atrapado en un bucle temporal, obligado a vivir el mismo día una y otra vez. Aunque cada día varía sus acciones, siempre despierta en la misma cama debiendo volver a vivirlo, y sólo se libra de su tortura al, por decirlo así, hacer las cosas bien.
Intento hacer una relación entre este hecho fantástico y nuestra educación. Una educación que no para de cambiar, yo mismo empece a estudiar en la E.G.B y acabé en la E.S.O, pero son cambios que no modifican el espíritu de la escuela y tampoco las desalentadoras cifras de fracaso y abandono escolar en nuestro país. Quizás, al igual que Bill Murray, si empezamos a hacer las cosas bien dejemos de vivir en el día de la marmota.
Dicho esto me presento, soy un estudiante de primero de pedagogía con muchas ganas de aprender, y os animo a participar en mi blog, donde vuestros comentearios serán bien recibidos.

martes, 26 de febrero de 2013

Un poco más cerca de la inclusión

El primer cuatrimestre acabó, pero aun sigue produciéndome aprendizajes sobre temas, situaciones, propuestas que se dieron en clase, o que simplemente aparecieron en el campus virtual en forma de documentos. Cada cosa que aprendo hace que me surjan nuevas dudas, y parece que en vez de saber más cada vez sé menos. Sin duda, mi “mochila del saber” como se ha referido a ella hoy Miguel López Melero, tiene más y más contenido, pero a la vez adquiero conciencia de lo inmenso del saber y la imposibilidad de abarcarlo, por muchas vidas que vivas.

Una de los conceptos abordados el pasado cuatrimestre fue la inclusión. La estudiamos apoyándonos en textos, entre otros, de el antes mencionado Miguel. La inclusión es un concepto, a mi parecer, tan complejo como necesario. El problema es ese, que el significado de esa palabra es muy complejo, al menos para ser dominado y entendido en cualquier situación y contexto -para mi, que soy poco más que un ignorante en materia educativa-. Así que como Miguel da clases de una asignatura llamada INCLUSIÓN en mi mismo curso (1º de Pedagogía), aunque no en mi clase - sin desmerecer a la persona que imparte su asignatura- he empezado a asistir como oyente a sus clases. ¿Qué mejor manera de entender la escuela inclusiva que formando parte de esta clase?

Las bases de mi interés por la inclusión se lo debo principalmente a dos de los profesores del anterior cuatrimestre, donde he aprendido que no podemos hablar de democracia sin el concepto de igualdad -de derechos- y el de respeto -a la diferencia, entre otras cosas-, además de esa búsqueda de la libertad. Por tanto no podemos hablar de democracia sin hablar de inclusión.

Por una parte en esa misma asignatura estamos viendo en la clase de la tarde – a la que pertenezco realmente- como entender y respetar a las personas con handicap, pero aunque le estamos llamando inclusión, lo hacemos desde una perspectiva integradora. Palabras como adaptación curricular son frecuentes en esta clase. Con esto no critico, ni hago un juicio de valor, de lo que es mejor o peor. Pero a priori, y después de haber trabajado la inclusión desde otras perspectivas, creo -y digo creo porque aun no tengo la inclusión bien asentada- que lo correcto e imprescindible pasa por la inclusión. Debido a esto mismo, al no poder responder con firmeza y convicción ante cualquier situación en la que se ponga en entredicho el modelo inclusivo, y ante la necesidad de respuestas, he tomado la iniciativa de asistir a las clases de Miguel.

Hoy en clase he podido ver como usaba el método que ya había leído, en el anterior cuatrimestre, y me ha resultado muy curioso ver esto en primera persona. Como bien describe en los artículos y conferencias que han pasado por mis manos, Miguel, ha comenzado la clase planteando un problema: ¿qué queremos de esta asignatura?, a lo que se ha respondido con el deseo de formar una clase democrática.

Una vez visualizado el objetivo, se ha lanzado una nueva pregunta: ¿qué sabemos sobre la democracia en las clases?.

Y por último: ¿qué queremos saber?.

Las preguntas las conocía, lo que realmente me ha impactado es la forma de participar de los profesores -habían dos además de Miguel-, los profesores no participaban en absoluto, ni siquiera para guiar. Sólo en ocasiones puntuales hablaban, delegando la coordinación en un alumno que era el encargado de dar los turnos de palabra.

He visto la clase muy perdida, en apariencia desperdiciando el tiempo, pero estoy seguro que era por ser un método nuevo para casi todos. Seguiré haciendo jornada intensiva los martes, ya que estoy seguro que la clase se convertirá en algo interesantísimo y podré saber más sobre inclusión. Espero poder compartir con todos mis progresos y contribuir a ese aprendizaje cooperativo a través de, entre otros medios, mi blog.

miércoles, 13 de febrero de 2013

Maestro no, profesor

Cuantas veces en el instituto me he dirigido a una profesora o a un profesor diciéndole “maestra”, y ellos, como si de un insulto se tratase, me han contestado diciéndome que no eran maestros, eran profesores. Era cierto, pero yo no diferenciaba lo uno de lo otro. Ahora si lo diferencio, y gracias a eso entiendo mejor ciertas actitudes de mis altivos profesores hacia nosotros. No quiero que se me malinterprete he tenido profesores muy buenos, he tenidos profesores mediocres y los he tenido nefastos. Pues era muy común que esos nefastos profesores se sintieran atacados al ser confundidos con maestros.

Ahora me encuentro con Maestros -permitanme ponerlo en mayúscula- que se enorgullecen de ello, hecho que contrasta mucho con la imagen de esos profesores agraviados por ser confundidos con maestros.

También ha llegado a mis oídos una curiosidad que me emocionó. Por lo visto José Manuel Esteve – profesor durante mucho tiempo de mi facultad, además de un crack en lo que a Educación se refiere- vestía con traje a la hora de dar clase, pero en los actos de gala -como la graduación- se ponía unos simple vaqueros. ¿Qué tiene de especial? Lo especial está en los porqués de aquello, ya que él decía que se engalanaba para dar clase porque era lo más importante que podía hacer en su vida. Él, como gran sabio que era, entendía la importancia de la Educación y así lo mostraba.

Por tanto -aunque yo no voy a ser maestro-, quiero deciros Maestros, que tenéis el oficio más digno, el más importante, y que en vosotros reside gran responsabilidad, mucha más que en los instructores que no quieren ser llamados Maestros.

martes, 12 de febrero de 2013

¿Qué tendríamos que aprender en la escuela?

¿Qué interesa aprender en la escuela? Es una pregunta compleja, en cierta medida la he contestado en otras entradas, pero trataré de hacerlo con más precisión y detalle.

Debemos, en palabras de Ángel Pérez: “reinventar la escuela para que sea capaz de estimular el desarrollo de los conocimientos, habilidades, actitudes, valores y emociones que requieren convivir en contextos sociales heterogéneos, cambiantes, inciertos y saturados de información, contextos caracterizados por la supercomplejidad”.

Extraido de Ángel Pérez (2009) HistoriAgenda /año 4 número 22

Creo que con esos renglones respondemos en profundidad. Nos encontramos con contextos cambiantes, no sabemos en qué trabajará un niño en el futuro o si su trabajo será algo nuevo, quizás cambie tanto que lo aprendido no le sirva. Por otro lado lo aprendido caduca muy rápido y la cantidad de información generada en estos tiempos es inmensa. Si tenemos en cuenta la facilidad para acceder a la información, el aprendizaje memorístico al que estamos acostumbrados pierde valor, eso no quiere decir que no haya que memorizar, pero memorizar no puede ser el objetivo.
Debemos buscar esas habilidades y actitudes que lleven al niño a ser autónomo. Esas habilidades, al menos yo, las identifico en las tres competencias que nos llegan desde fuera -las ocho que interpretamos nosotros me queda algo grande-. Si conseguimos que un niño sepa buscar e interpretar, en definitiva identificar la información válida, logramos que su capacidad de comunicación sea suficiente y que sea capaz de trabajar en grupo de manera solidaria, creo que podemos estar más que satisfechos.

Por otro lado en las sociedades simples la familia y el entorno cercano se encarga de socializar, en la España actual la escuela debe hacerse cargo en gran parte de la socialización, pero sin perder el sentido de la escuela. Deben darse procesos de socialización pero ante todo procesos educativos. No vale todo en la tarea educativa, no se puede manipular, amaestrar o adoctrinar a los niños, nuestra responsabilidad es mayor, quizás sea la labor más importante de todas las que existan en el mundo de lo humano, no sólo tenemos que hacer individuos independiente en cuanto a habilidades y actitudes, debemos hacerlos independientes y equilibrados en el ámbito emocional, además de ayudarlos a ser críticos con el mundo y con ellos mismos.

jueves, 7 de febrero de 2013

martes, 22 de enero de 2013

Objetivos y competencias


No es de extrañar que no logre posicionarme con respecto a este tema, esto se debe a mi casi inexistente experiencia/formación. En cambio si me atrevo a afirmar que no hay nada de malo en establecer objetivos, no creo que haya perversión alguna en la búsqueda de competencias, pero ni lo uno ni lo otro debe gobernar la escuela, y mucho menos a nosotros. La razón de la escuela no son los objetivos o las competencias, son las personas y su desarrollo.

Nuestro objetivo no puede ser otro que la búsqueda de la utópica perfección. Como todo lo utópico, la perfección también es inalcanzable, por tanto nos contentaremos con apuntar en su dirección y propiciar el desarrollo del educando. Por tanto, debemos auxiliar en todo lo posible a nuestros alumnos, acompañarlos y guiarlos.



lunes, 21 de enero de 2013

¿Humanidad o necedad?

Esta entrada no es más que una pequeña confesión personal, ya que esta semana me he dado cuenta (una vez más) de que mi autoconcepto se aleja bastante de la realidad.

Hace unas semanas, en otra clase diferente a la que propuso la idea de este blog, hablamos sobre personas con algún tipo de dificultad cognitiva. Yo tengo claro lo que creo que es correcto: todo ser humano tiene los mismo derechos y merece el mismo respeto. Eso deja fuera la posibilidad de discriminar o prejuzgar a las personas, pues si hiciese eso traicionaría mis ideales.

En clase surgieron todo tipo de ideas y comentarios a cerca de las personas con diferentes capacidades cognitivas, y aunque me consta que ningún comentario fue hecho con mala fe, mis oídos chirriaron en más de una ocasión... ¿Cómo puede haber gente que prejuzgue? ¿Cómo podemos aseverar cosas tan importantes sin un minucioso análisis previo? ¿Cómo podemos tener esa doble moral?... la clase acabó, y no podía salir de mi asombro... si estudiantes de pedagogía piensan así, mal asunto (digo piensan y no, pensamos).

Absorto pero con mi conciencia tranquila, me quedé después de clase con dos compañeros y el profesor debatiendo unos minutos más. Estaba convencido de no compartir prejuicios discriminatorios con los compañeros y casi escapo a casa con esa idea bien asentada en mi interior, pero por suerte solté una perlita que nada tenía que envidiar al más "burro" de los comentarios dichos en la clase anterior. Tras mi inapropiado comentario, el profesor me corrigió haciéndome comprender mi error. Me fui a casa sin demasiada mella, pero cuanto más reflexionaba sobre la clase y la "desafortunada" prórroga que jugamos algunos, más me percataba de mi necedad. En cierta manera, sabía que aunque deseo no tenerlos, tengo prejuicios. Me avergüenzo de mis prejuicios, pero ahora además me siento un necio. Un necio por creerme mejor que las personas que discriminan o hacen juicios rápidos, no soy mejor, soy uno más.

Sólo me queda rescatar la idea que, en tono amable, el profesor dejó al acabar la clase. Decía algo así: "Todos discriminamos, todos somos machistas y todos somos racistas en algún grado, debemos ser conscientes de esto e intentar mejorar día a día".

martes, 8 de enero de 2013

Encuentro inesperado

El pasado viernes 21 acudimos a un evento organizado por uno de los profesores de la facultad, una especie de excursión con un tono muy amable e informal. Para finalizar la reunión, fuimos a una histórica taberna malagueña, “Antigua casa de guardia”. Allí, un par de compañeros y yo tropezamos con un interesante individuo del cual no recuerdo el nombre, pero sí una frase que no paraba de repetir: “yo, a mis 83 años soy completamente analfabeto”.

Lo llamativo de la estampa fue, que a pesar de sus circunstancias, el hombre nos aseguró firmemente y sin que nadie sacara el tema (no supo que éramos estudiantes de pedagogía hasta finalizar la conversación), que lo más importante en un pueblo es la cultura. Que hoy en día los jóvenes estábamos más preparados que nunca y por eso mismo no podíamos permitir lo que estaba ocurriendo.
“Yo no estoy ya para luchar. Bastante he luchado, a mis 83 años... pero vosotros no podéis permitir esto. Mi padre sabía escribir, leer y más cosas; pero yo, su hijo, no. Un pueblo que sabe da problemas, por eso no nos permitieron saber. Ahora no quieren que sepáis, es más fácil manejaros así. Esto es una dictadura.”
Los compañeros y yo, nos miramos perplejos al escuchar estas palabras de un señor que ha vivido la dictadura de principio a fin.

Este hombre, que no sabe ni leer ni escribir (cosa que nos repitió una y otra vez), sabe que la educación (lo que el llama la cultura) es la herramienta fundamental para que un pueblo prospere. Además, entiende perfectamente que el saber del pueblo es un estorbo para el tirano, y que aunque muchos no queramos verlo, nos siguen gobernando desde la élite.

Acabó su discurso pidiéndonos que no nos conformáramos, que luchásemos, que lo que teníamos no era nuestro, era de todos los que se han sacrificado para conseguirlo y es el deber de los jóvenes preservarlo.

No sabrá leer ni escribir, pero la vida le ha enseñado mucho más de lo que la escuela le enseñó a muchos de los que nos gobiernan.

miércoles, 19 de diciembre de 2012

Wert, el erudito

Según establece el Real Decreto 1631/2006 por el que fue aprobada:
La Educación para la Ciudadanía tiene como objetivo favorecer el desarrollo de personas libres e íntegras a través de la consolidación de la autoestima, la dignidad personal, la libertad y la responsabilidad y la formación de futuros ciudadanos con criterio propio, respetuosos, participativos y solidarios, que conozcan sus derechos, asuman sus deberes y desarrollen hábitos cívicos para que puedan ejercer la ciudadanía de forma eficaz y responsable.
Leo este fragmento del Real Decreto 1631/2006 y no logro entender qué malo hay en esta materia. Algo malo debe haber, eso no lo dudo, puesto que nuestro expertísimo ministro de Educación ha creído necesaria la supresión de tan infame asignatura. Yo confío en él y no pongo en duda la fiabilidad de su criterio, ya que un ministro es la máxima autoridad en sus competencias y está claro que eligen siempre al más cualificado.
Pero bueno, es normal que no me entere de nada, sólo llevo unos meses estudiando Pedagogía y es evidente que me dejo embaucar por la sonoridad de ese pequeño texto. Mucho le debo a nuestro buen ministro. Tenía la estúpida idea de que la educación para la ciudadanía no debía quedarse tan sólo en una asignatura, que el fin de la Educación es crear ciudadanos ilustrados y por lo tanto, libres. Es fácil que a inexpertos como yo nos engatusen con palabras como: respeto, libre, íntegro, dignidad, responsabilidad, conocer, etc... menos mal que el señor Wert me ha abierto los ojos, algo oscuro se oculta entre tanta palabreja progresista, aunque aún no lo localice.
Si es que la palabra respeto está muy bien, siempre y cuando no venga seguida de la palabra gay. La palabra libre también queda muy bien, sobre todo cuando precede a mercado. Ahí queda estupenda. Ser íntegro es necesario sobre todo cuando no se refiere a uno mismo. Dignidad es una gran palabra, tan grande que los pobres no deberían disponer de ella. ¿Acaso se la han ganado? Responsabilidad, si alguien le hubiese enseñado a los pobres que no pueden vivir por encima de sus posibilidades, nuestra España sería el glorioso imperio que fue. Conocer, debemos conocer nuestros límites... debes ser consciente de tu situación, cuanto antes asimiles el lugar que te corresponde, mejor para todos.
Wert es claramente un genio, un visionario, lo que ocurre es que se ha adelantado a su época y es por esto que crea tanta controversia. No estamos preparados para entender tan alta complejidad.

martes, 18 de diciembre de 2012

La ola

En clase hemos visto La ola, la cual comentamos brevemente en el blog grupal. No quiero volver a contarla, más bien me centraré en las ideas que me ha trasmitido desde el punto de vista de la diversidad.

El film nos muestra las consecuencias de un régimen de libertades bastante sesgadas, en el cual se impone la idea de falsa igualdad. Todos adquieren una identidad de grupo que aparentemente acaba con las diferencias, mejora la cohesión, les otorga metas comunes y les brinda seguridad.

Esa unidad de grupo la consigue su profesor implantando un modelo de aprendizaje por modelado, sirviéndose sobre todo de la autoridad basada en el poder. Además de medidas tales como el uniforme, consignas o saludos, gimnasia militar...

Como ya he mencionado, esta práctica aparentemente estaba cargada de aspectos positivos, pero ocultaba una oscura realidad. Esa igualdad de la que todos estaban orgullosos, era en sí misma la finalidad: un potente mecanismo de molde se encargaba de esculpir a los alumnos, siendo expulsados del grupo todos aquellos no aptos para ese molde, provocando la discriminación de todo aquel diferente al grupo. Un grupo con una alta cohesión, que otorgaba la "oportunidad" de ser asimilado a todo aquel extraño al mismo, debiendo estos de aceptar las imposiciones del grupo por encima de su propia individualidad.

Además de esta necesidad de asimilación, el grupo tenía claramente unos "enemigos naturales", los cuales de ninguna manera serían asimilados (no hay mejor "pegamento" que un enemigo común).

Desde una perspectiva pedagógica más específica, podemos observar como la figura del profesor es la única fuente de conocimientos, de enseñanza, aprendiendo estos chicos sólo por esta vía. Mientras que en una clase donde reine la diversidad, los alumnos pueden aprender unos de otros.

No hay nada que un clon pueda enseñar a otro, sin embargo cuanto mayor sea la diferencia entre los individuos, aumentará la posibilidad de aprender. Además, una clase basada en la diversidad y el respeto es el único camino hacia la democracia.

miércoles, 21 de noviembre de 2012

¿Se puede medir el aprendizaje?

¿Se puede medir el aprendizaje?

Debo poneros sobre aviso de mi profunda ignorancia, no hacerlo sería ruin. Como digo en la pequeña presentación del blog, sólo soy un estudiante de primero... así que lo que leáis en este blog carece del más mínimo carácter académico, más bien está escrito desde efímeras impresiones y seguramente en un futuro, donde digo digo diga diego.
Para posicionarme, antes debo definir lo que considero aprendizaje. Para mi hablamos de aprendizaje, siempre que la persona adquiera conocimientos, habilidades o comportamientos; siendo este el proceso y no los contenidos en si mismos.

Sabiendo lo que es aprendizaje, veamos ahora que se entiende por medir: “ es la determinación de la proporción entre la dimensión o suceso y determinada unidad de medida”.

Es evidente que se puede medir el aprendizaje memorístico, todos lo hemos experimentado. Pero quizás la pregunta sea incompleta. Quizás deberíamos plantearla así: ¿se pueden medir todos los aprendizajes?, ya que debemos tener en cuenta que los aprendizajes realmente útiles serán el significativo y el relevante.

Otra pregunta que se me ocurre es : ¿Merece la pena medir los procesos de aprendizaje?. Pensad que si nos despegamos del aprendizaje memorístico, medir cualquier otro aprendizaje puede ser una tarea muy difícil y que conlleve un gasto de tiempo y energía desproporcionado.

Más preguntas me surgen (sin tener aun respuesta para las anteriores), si se pudiese medir ¿de que exactitud hablamos?

Las ciencias sociales, entre las que nos encontramos, son consideradas por muchos pseudociencias o ciencias menores, inexactas. Pero en mi opinión, lejos de ser una ofensa para nosotros, debería ser un halago. Tengo la creencia de que todo lo que nos rodea obedece a las mismas leyes, la diferencia entre las ciencias exactas (matemáticas, física) y las ciencias sociales (antropología, pedagogía, sociología...) radica, en parte, en el número de variables a tener en cuenta para explicar cualquier fenómeno. Me explico, creo que las ciencias sociales no son exactas debido su altísima complejidad, pero esto sólo demuestra las limitaciones intelectuales y tecnológicas que aun tenemos. Preguntarnos si se puede medir todo el aprendizaje, sería como preguntar en el siglo XV si se puede viajar a la luna. Evidentemente no se podía en este siglo, y cualquiera hubiese respondido que no, pero eso no significa que no se pueda en la actualidad. Por tanto, la pregunta que me atrevo a contestar no es la del título de esta entrada, si no más bien : ¿Se puede medir todo el aprendizaje y con exactitud hoy en día?

No, no se puede medir el aprendizaje, no al menos de una manera medianamente seria. Medir implica, en mi opinión, un análisis cuantitativo. He oído eso de “el aprendizaje no puede ser medido de manera cuantitativa, y no debe ser medido sobre los resultados, debe ser medido en si mismo”. Seguro que tiene sentido, pero como ya sabéis, soy bastante ignorante, así que eso me suena a chino. Medir de manera cualitativa, a mi modo de ver, es casi como la la famosa “cuenta de la vieja”. ¿Para qué medir, si no se hace de forma exacta?

El aprendizaje no se puede medir, y si se mide será “chapuceramente”. Además,¿por qué medirlo?
debería bastarnos con detectarlo; detectar el aprendizaje o su ausencia, ver los porqués y tomar medidas que se ajusten a cada situación. Podemos estar contentos si tenemos la certeza de saber que alguien está aprendiendo, más me parece pretencioso, puesto que tener dicha certeza no es nada fácil.

martes, 20 de noviembre de 2012

EL porqué de la inclusión

Por más que pienso, y os prometo que lo intento, no consigo entender como puede haber gente en el mundo a día de hoy, que niegue el derecho a la igualdad de las personas. Igualdad, solidaridad y respeto, entre otras, son palabras que no deben en ningún caso estar seguidas de un “pero” o un “aunque”.

Quizás no haya que señalar a nadie con el dedo. Tal vez, todos somos victimas de un modelo social y económico extremadamente virulento, la diferencia puede que radique en el puesto que te toca desempeñar en dicho modelo. Seguramente el que se pronuncia en las doctrinas del “cada uno por su bolsa” y el “sálvese el que pueda”, si alguna vez cambiase su suerte y bajase al nivel de los “apestados”, probablemente cambie sus creencias y experimente una aguda crisis de fe.

Esta entrada carecerá de sentido para todo aquel que no considere como iguales a todas las personas que pueblan nuestro mundo, dejando de lado cualquier discriminación ya sea por cultura, raza, estatus, o cualidades físicas o psíquicas.

Alguien puede decir que no somos todos iguales. Evidentemente, es más, dada la complejidad humana no hay dos personas iguales, pero todos tenemos los mismos derechos independientemente de nuestra situación. Como ya he dicho, no hay dos personas iguales, y esto se traduce en aulas heterogéneas. Ante esta situación la escuela debe adoptar un método, un estilo de enseñanza, una postura ideológica; y es lo que ha venido haciendo desde siempre. La escuela apuntala los pilares de la sociedad, siendo la encargada de adoctrinar, instruir, formar o educar según su propio modelo de sociedad.
En una sociedad individualista, materialista, basada en el logro personal, poco o nada solidaria, desigual y elitista, la escuela tenderá, en mayor o menor medida, a ser el reflejo de la sociedad; dejando en situación de desamparo a los niños que no “sirvan” al sistema. Cuando digo sirvan, lo digo en la totalidad de sus significados, es decir, tanto ser útil como capital humano (sistema capitalista), como ser un siervo (que no se cuestiona nada, sin espíritu crítico). La escuela no tolera el fracaso ni al rebelde, y no lo tolera porque la sociedad así lo impone.

Sabemos como es la sociedad y la escuela que sirve a esta. También sabemos que para cambiar la sociedad, necesariamente debemos cambiar la escuela, y que con ese cambio provocaremos un cambio en la sociedad, así que debemos ser cuidadosos en tan noble empresa.

Una sociedad libre, igual, respetuosa y solidaria, no sería un mal comienzo. La escuela en la que se base esa sociedad debe tener los mismos principios, y para esto debemos considerar a todos los alumnos iguales. Aquí es donde entra en juego el concepto de inclusión.

Podríamos hablar de crisis en la educación, ya que el 26% de los estudiantes españoles están condenados al fracaso. Esta desalentadora cifra requiere de medidas que intenten solucionar la situación. Estas medidas, a su vez, estarán fundamentadas en ciertas creencias:

Por un lado, algunos hablan de que se ha perdido el respeto, los alumnos son mas vagos, los contenidos vacíos, y que habría que volver a la escuela de mediados del siglo pasado, puesto que la educación ya no es la que era. Que se ha gastado dinero y esfuerzo en un experimento pretencioso y utópico de igualitarismo social, y por evidentes razones no somos iguales.

Por otro lado, somos muchos los que pensamos que por esa misma razón (no somos todos iguales),  no se nos puede educar de la misma manera. Es necesaria una educación inclusiva en la que todos ganemos. La inclusión solo muestra ventajas. Cada persona tiene sus talentos, todos los tenemos, y una educación flexible es el camino para potenciarlos. La escuela debe facilitar el camino al alumno, siendo el profesor el competente para conocer las capacidades de este y guiarlo por los caminos del aprendizaje. Todos tenemos la capacidad de aprender, la diferencia radica en el "cómo" y "cuándo".

La educación inclusiva no es sinónimo de educación especial, no sólo se preocupa por integrar a personas con problemas en el aprendizaje, se preocupa por educar a la totalidad de los alumnos teniendo en cuenta sus situaciones. Nadie debe ser abandonado, si un alumno se rinde no será sólo culpa de este, ya que es deber del profesorado velar por cada uno de ellos; tarea ardua que requiere de una excelente formación, una formación continua y siempre inacabada.

Aunque no es sinónimo de educación especial, la inclusión supera con creces cualquier otro modelo destinado a educar personas dificultades cognitivas. Tengamos en cuenta que, cualquier persona con problemas en el aprendizaje, como es evidente, deberá esforzarse mucho para superar esos “déficits”. Pero no por esto debemos bajarle el nivel del curriculum, ellos con más razón, necesitan de la cultura para desarrollarse.
Imaginemos que para desarrollarnos debemos pasar un muro. Todos tenemos muros, la diferencia radica en lo alto que son. Algunos de esos muros los pasaremos de un salto, ya que se nos presentan bajos; otros necesitaran de una buena escalera, una escalera tan alta como ese muro. Esa escalera es la cultura. ¿Alguien le daría una escalera de un metro a una persona que quiere pasar un muro de tres? Nadie en su sano juicio lo haría, ¿entonces por qué vamos a privar de conocimientos a un niño que muestre problemas para aprender?, él más que nadie los necesita.

Todo esto debe darse en una escuela que propicie el aprendizaje reflexivo; fomente el pensamiento divergente, la creatividad y la experiencia; que entienda el valor de todos los talentos del ser humano (inteligencias múltiples); eduque de manera crítica, que no tolere un aprendizaje diferente al significativo o al relevante; utilice la diversidad como medio de aprendizaje, crea en la igualdad real de oportunidades y en la democracia. En definitiva una escuela inclusiva.



martes, 6 de noviembre de 2012

¿Para qué estudio yo pedagogía?

Hace menos de dos meses comenzó el curso, y además de las lecturas y tareas propias de ser universitario, he empezado a curiosear por mi cuenta en el mundo de la educación. He visto algunos documentales, leído artículos, comenzado libros, y poco a poco me he dejado abducir por estos temas.

En estos tiempos que corren, parece ser que la corriente de moda aboga por la educación y, a mi parecer (en lo poco que he leído y visto hasta ahora), desprecia otros tipos de enseñanza como puedan ser el adoctrinamiento y la instrucción, entre otros. (Recomiendo para los novatos como yo la lectura de; Educar: un compromiso con la memoria, de José Manuel Esteve. Un libro muy asequible para los que no estamos inmersos en este mundo y que aclara a la perfección, entre otros, las diferencias entre los distintos tipos de procesos de aprendizaje)

Para hablar de educación necesariamente hablamos de aprendizaje, pero no es la única vía para este. Estoy de acuerdo con esta corriente pedagógica en que debemos educar siempre que sea posible, sobre todo en tempranas edades; pero no debemos mostrar rechazo por la instrucción, diferente del adoctrinamiento, el cual debe ser relegado sin miramientos. Seguramente me equivoque pero, ¿cuando aprendemos signos, como letras o números, hay alguna relación lógica de la que tirar?
Yo diría que no, y por tanto debemos ser instruidos en esas materias.

En casi todos los documentos (de los que tengo constancia) sobre esta nueva escuela revolucionaria, se habla de la educación básica, o así lo entiendo yo. Me gusta lo que veo en esa corriente, es bonito, me lo creo, pero me surgen ciertas dudas al llegar a los niveles superiores de la escuela. ¿Sería malo instruir, según que cosas, en estos niveles? Entiendo que debemos “hacer” individuos curiosos, reflexivos, creativos, libres; pero, ¿estaría tan mal tirar de la instrucción a ciertos niveles y en según que contenidos?

"Si he logrado ver más lejos, ha sido porque he subido a hombros de gigantes" . Isaac Newton.

Es imposible en según que materias educar. No sería posible “guiar” a un estudiante de física para que “descubriese” todas las teorías físicas de la humanidad, por ejemplo. Puedo parecer exagerado, pero digo esto porque quizás, aunque la tendencia pedagógica citada me parezca atractiva y posible, no tendríamos que demonizar las prácticas pedagógicas que se alejasen de esta.

No obstante, me gustaría dejar claro que creo necesario romper con la escuela tradicional. Pero soy de los que piensan que todo no es negro o blanco, sino que podemos posicionarnos dentro de la escala de grises. Aún mejor, tal vez olvidamos que además de negro,blanco y grises intermedios, existen como poco siete colores. No quiero parecer pretencioso ni arrogante, pero si estuviese todo “inventado” ¿para qué estudio yo pedagogía?

sábado, 27 de octubre de 2012

¿Qué escuela queremos para la sociedad en la que vivimos?

¿Qué escuela queremos para la sociedad en la que vivimos?
Trataré de contestar a esta pregunta, que a mi parecer es muy compleja, desmembrándola y abordando cada una de sus secciones.

¿Qué cabe esperar de mi paso por la escuela? ¿Cuál es su finalidad?
La escuela debe tener como principal finalidad dotarnos de herramientas y conocimientos para nuestro completo desarrollo como seres humanos, además de prepararnos para vivir en sociedad.
Es por esto que para contestar a la raíz antes debo plantearme otra pregunta: ¿qué sociedad quiero para vivir?, o dicho de otra manera ¿querría cambiar la sociedad? Mi respuesta es clara, sí.
Quiero una sociedad más justa, basada en la idea de igualdad, en el respeto, y que preserve la dignidad de todos sus ciudadanos.

¿Y cómo debe ser esa escuela? La escuela debe ser la lanzadera de esa sociedad que anhelamos, y por tanto, debe ser necesariamente democrática. El concepto de escuela democrática, para mí, además de estar ligada a la igualdad real y eficiente a la que deberíamos estar sometidos todos los seres humanos; también engloba, entre otros, el concepto de negociación. Los alumnos, los maestros e incluso las familias deben sentirse parte activa de la educación, fomentándose las sinergias entre familia y escuela.

Parece evidente que a la escuela se va a aprender, por tanto, ¿cómo debo aprender y qué debo aprender?
Aprender es fundamental, necesario; pero ¿cualquier método es válido para que el individuo aprenda? y, ¿qué contenidos deben ser objeto de nuestro aprendizaje?
Pienso que hay muchas formas de enseñar, pero quizás haya más formas de aprender. De esta afirmación, que seguramente sea errónea (puedo permitirme errar ya que me escuda la ignorancia), podemos sacar una conclusión clara: si hay más formas de aprendizaje que de enseñanza, no siempre sera necesario un docente para aprender.
Si bien es cierto que el método al que nos tienen acostumbrados (clases magistrales) permite avanzar en el temario a un ritmo mucho más alto que con el aprendizaje reflexivo, también lo es que todos hemos olvidado el 80% de la información que “aprendimos” durante nuestra carrera académica.
Además de apostar por un modelo de aprendizaje práctico y real, tenemos que tener en cuenta que toda disciplina humana es por definición interdisciplinar, por lo que puede ser interesante abordar conjuntos de conocimientos en lugar de materias especificas.
Propuse como la máxima de la escuela que ésta fuese democrática, y hasta hace bien poco, pensaba que la igualdad sería mayor cuanto más nos acercásemos hacia un estándar. Mi postura ha cambiado drásticamente, asegurando que la igualdad radica en la enseñanza personalizada. Todos somos iguales, esta afirmación debería ser la base de cualquier sociedad, pero al mismo tiempo, no hay dos personas iguales. Por tanto, debemos ofrecer a cada individuo las mismas oportunidades y para esto, habrá que analizar cada caso y ajustar la enseñanza al alumno, y no el alumno a la enseñanza. Pero esto no es sinónimo de clases particulares, sino que el alumno debe formar parte del grupo, pero a la vez recibir el trato especifico que necesite.

No sólo tomamos un camino equivocado para dotarnos de conocimientos, sino que podemos cuestionar la validez de los conocimientos que se nos inyectan. En la era digital en que nos movemos, la importancia de los datos es relativa. Tenemos acceso a, casi, la totalidad de la información actual, pero además, la información trae una corta fecha de caducidad en muchos casos.
Las clases deben tener un formato atractivo, pero también deben ser atractivos los contenidos.
Por tanto, hoy día, no es tan importante conocer, como aprender a conocer. Debemos saber localizar, discriminar e interpretar la información que nos rodea, adquiriendo herramientas, aptitudes y conocimientos útiles. Pero además, no todo vale en este camino del aprendizaje. Todo esto debe conciliarse con el desarrollo íntegro del ser humano, por tanto, el alumno debe fortalecerse emocionalmente y adquirir habilidades sociales.

Sintetizando al máximo, concluyo que la escuela que quiero debe ser:
-Democrática
-Útil
-Humana
-Dinámica
-Efectiva